lunes, 7 de abril de 2014

Enric Corbera - La vida es un Espejo

Enric Corbera - La vida es un Espejo

http://www.youtube.com/watch?v=tqDdvvFRtcA&hd=1

MPIANDO NUESTRO SISTEMA ENERGÉTICO TOMADO DE http://energiasgalacticas.wordpress.com

Estado Vibracional
Limpiar nuestros cuerpos sutiles para empezar a desbloquear esas “ondas imán” de energías “negativas”. El ejercicio se llamaEstado Vibracional, y lo que se trata es conseguir poner esas energías internas precisamente a eso, a vibrar, para que se suelten, para que se puedan mover por el cuerpo, para que se desbloqueen.
Acumulando energía
Cerramos los ojos y nos relajamos, vamos a concentrar la atención en nuestro cuerpo etérico, en la energía que nos recubre físicamente, que podemos notar “en contacto” con nuestra piel.
Notamos como existe ese pequeño cosquilleo desde los pies a la cabeza, si focalizamos nuestra atención en una mano, quizás notemos la sensación de calidez que genera la energía de nuestro cuerpo sutil.
Lo que vamos a hacer ahora es, simplemente por el poder de nuestra voluntad, mover y subir toda la energía que podamos a nuestra cabeza, encima de la misma, alrededor del chakra de la coronilla. Vamos a ir subiendo la energía por los pies, piernas, tronco, brazos, etc., hasta acumularla en la cabeza, pensándolo, ordenándolo. Una vez notamos que hemos acumulado parte de nuestra energía en la cabeza, la vamos a mover mentalmente hacia abajo, recorriendo todo el cuerpo, hasta que llega a los pies. La volvemos a almacenar toda en los pies de nuevo, y cuando lo hayamos hecho, volvemos a mandarla hacia arriba, recorriendo todo nuestro cuerpo, sintiendo como esa energía sube.
Instalando el estado vibracional
¿Cómo hacer que toda nuestra energía se ponga a vibrar?
Lo que haremos será ir incrementando la velocidad y la intensidad del movimiento de subir y bajar energía desde la cabeza a los pies. Es una cuestión de voluntad. Cada vez más rápido de forma que vayamos arrastrando en cada pasada bloqueos que puedan existir en cualquier parte de nuestro cuerpo al ir pasándoles “la escoba” energética que acabamos de crear. A medida que vamos incrementando la rapidez, notaremos que empezamos a “vibrar”, se crean unas vibraciones que no es otra cosa que nuestros cuerpos sutiles entrando en una especie de resonancia.
Dejemos que sigan esas vibraciones, pues estamos desenganchando energía atascada, bloqueada. Podemos dejar este efecto actuar unos minutos y luego poco a poco hacer que cesen y volver a nuestro estado normal.
Bloqueos y repetición
El ejercicio que se acaba de explicar tiene buenos resultados si se hace con constancia.
Conseguir un estado vibracional que sea potente y que haga romper estructuras energéticas estancadas requiere bastante práctica.
También será común encontrar bloqueos en varios chakras (sobre todo en el tercer y cuarto) cuando estemos intentando subir y bajar energía por el cuerpo. Para romper estos bloqueos, hay que “empujar” con voluntad la energía hacia abajo y hacia arriba, para que pueda atravesar el chakra y desbloquearlo. E los primeros intentos a veces la energía “da un salto” o “se va por los lados” al llegar al tercer chakra, así que hay que “obligarla” a pasar por el medio para romper y desbloquear lo que estuviera ahí atascado. La sensación después de hacer 5-10 estados vibracionales al día es que parece que tus energías fluyen mucho mejor por todo tu sistema, lo cual repercute enormemente en la potencia y calidad de la energía que emitimos al exterior.
Ducha magnética
Otro ejercicio para mantener limpio nuestros cuerpos energéticos.
El agua es el limpiador universal por excelencia, todo lo que se usa para limpiar en este planeta tiene al agua como base. La ducha que nos metemos cada día es el ritual de limpieza físico y corporal que todos llevamos a cabo, pero lo que quizás no conocíais, es que también actúa como limpiador “energético”. El hecho de darnos una ducha ya hace que nuestras energías, a un cierto nivel, se “limpien”, pero si además lo hacemos con una pequeña dosis extra de energía consciente, tenemos lo que llamamos una “ducha magnética”.
El objetivo no es otro que eliminar, con nuestra propia energía, y gracias al efecto “arrastrador” del agua de la ducha, esos pequeños bloqueos y energías estancadas que podamos tener en nuestra aura.
Para ello lo que haremos será simplemente “exteriorizar” energía. Es decir, cuando nos estemos duchando podemos tranquilamente cerrar los ojos, y “sacar” nuestra energía como si estuviéramos llenando un balón, a todo alrededor nuestro.
Exteriorizar energía no es otra cosa que “ordenarle” mentalmente a nuestro cuerpo que emita “hacia fuera” su fuerza, que la proyecte. Nos rodeamos mentalmente de esa energía y nos recubrimos de ella. Estamos sacando energía que al entrar en contactocon el agua, y ser arrastrada, ayudará a eliminar residuos estancados y pegados a nosotros.
El efecto de la ducha magnética, cuando la hacemos por unos minutos conscientemente, no provoca solo la relajación del cuerpo físico, sino de todos los cuerpos del aura, por lo que nos ayudará a sentirnos bien a muchos niveles, habiéndonos desprendido de todo tipo de residuos que hayamos acumulado durante el día y que nos están impidiendo que nos encontremos armonizados completamente.
Abrir y limpiar chakras- Visualización
Para trabajar los chakras por nuestra cuenta, también podemos usar técnicas de visualización como la que se explica a continuación.
Sentados cómodamente, vamos a relajarnos y visualizar que nos entra un haz de luz por nuestro séptimo chakra, que baja directamente por nuestra espina dorsal hacia el primer chakra, el chakra base.
Mentalmente vamos a imaginar cómo esta luz envuelve ese chakra, visualizando el remolino o la bola que es ese vórtice energético y ordenamos mentalmente a la energía que lo haga girar, lo limpie, lo desbloquee, lo sane. En la visualización podemos empezar a notar como ese chakra suelta energías estancadas, o se va limpiando. Tras pasar unos minutos en ese chakra, movemos mentalmente la energía al siguiente.
Estamos ahora en el segundo chakra, y repetimos el proceso. Lo recubrimos de luz, de energía pura, lo limpiamos, lo desbloqueamos, lo hacemos girar. La energía obedece a nuestras órdenes mentales, así que le indicamos que sane el chakra en su totalidad. Tras unos minutos, vamos a visualizar como conectamos el primer y el segundo chakra con un canal limpio por el cual esta energía fluye libremente y sin obstáculos.
A continuación subimos al tercer chakra, y repetimos el proceso. Una vez desbloqueado, mentalmente conectamos este tercer chakra al canal que tenemos entre el primero y el segundo, notando como ahora fluye perfectamente la energía entre nuestros tres primeros chakras.
Y así sucesivamente, vamos envolviendo energéticamente cada chakra, los vamos limpiando, desbloqueando, y conectándolos entre sí. Este ejercicio con constancia y práctica nos ayuda a mantener todos los chakras en buen estado para que transmuten correctamente el máximo de energía posible hacia los cuerpos sutiles.
Otras formas de limpiar chakras y cuerpos sutiles
Puesto que a nosotros nos interesa mantener limpios al 100% nuestros chakras y nuestros cuerpos sutiles (y todo nuestro sistema energético en general) hemos de tener una o varias técnicas para ello que podamos usar regularmente. Existen decenas de herramientas, desde la gemoterapia y el uso de piedras, sesiones de sanación energética, reiki, terapias basadas en el sonido, etc. Cada uno tendrá sus preferencias, y sus combinaciones, lo importante es usarlas de forma constante para mantener los “emisores” de la energía que vamos a manifestar en pleno funcionamiento.
Cancelando los efectos negativos
Otra cosa que podemos hacer es aprender a detectar nuestros pensamientos “negativos” y aprender a cancelarlos inmediatamente.
¿Cómo hacemos para cancelar energías que ya hemos proyectado sin darnos cuenta? Pues emitiendo mentalmente una orden de sentido contrario. Es decir, si nuestros pensamientos son ondas mentales, que tienen una frecuencia, amplitud y potencia determinada, cuando generamos una onda de sentido contrario ambas se cancelan.
Podemos hacer dos cosas, lo primero, emitir un pensamiento contrario a lo que nos hemos dado cuenta que estamos emitiendo. Si no hacemos más que pensar en que tenemos un problema que no se va a solucionar, vamos a pensar en que se va a solucionar.
Esto no va a arreglar nada, simplemente va a cancelar las energías que manifiesten obstáculos a la solución de nuestro problema, que es lo que estamos emitiendo en primer lugar, de forma que al menos, aunque sigamos teniendo el problema, no estamos echando más leña al fuego atrayendo situaciones que confirmen que no podemos quitárnoslo de encima.
También podemos usar una frase o afirmación genérica, que podamos proyectar hacia el exterior en cualquier momento, y que viene a ser algo así como:
“Creo la intención de cancelar cualquier manifestación de todo tipo de forma de pensamiento negativa o emoción negativa que haya podido proyectar, bloqueando su aparición en cualquier forma en mi realidad”.
Ejercicio: Trabajar durante unos días las diferentes técnicas vistas para limpiar nuestro sistema energético, empezar a transmutar de forma genérica estas ondas “globales” para conseguir manifestar estos conceptos de forma automática
David topi
Curso “Creación de la realidad”

ALQUIMIA PARA FORMULAR DESEOS, CREA TU REALIDAD, PERO ANTES… DESHAZTE DE CONTRATOS PARALIZADORES

ALQUIMIA PARA FORMULAR DESEOS, CREA TU REALIDAD, PERO ANTES… DESHAZTE DE CONTRATOS PARALIZADORES


¿Qué te gustaría ver en tu vida? ¿Qué te gustaría conseguir? ¿Hay algo que te gustaría mejorar? ¿Qué es lo que te preocupa en este momento? ¿Qué situación te produce un mayor desgaste de energía? Si hubiese algo que pudieses hacer para cambiar tu situación actual, ¿qué sería? No te preocupes si los deseos te desbordan. De momento escoge uno y sigue avanzando.
Una vez que te has formado una imagen mental de tu deseo, el siguiente paso es traducir esa imagen a PALABRAS. Las palabras son pensamientos expresados y lo que te pido ahora es que formules tu deseo.
Existe una alquimia especial para formular deseos y esta incluye:
1º. El deseo tiene que estar formulado en tiempo PRESENTE tal y como te gustaría que fuese realidad. El Universo no puede hacer otra cosa que producir la manifestación directa de tus pensamientos. Si piensas en términos de “quiero” todos tus recursos internos reafirmarán el concepto de “querer” y no el de “tener” o “ser”. Es decir, el resultado será tu “deseo” de ese algo. Si te concentras en el “tengo”, “soy”, “voy a”, tus recursos internos encontrarán la manera de que se haga realidad. Así que en lugar de “quiero tener más tiempo para disfrutar de mi familia”, di “tengo tiempo libre para disfrutar de mi familia”. En lugar de “quiero sentirme satisfecha en mi vida”, di “voy a sentirme satisfecha en mi vida” ó “puedo sentirme satisfecha en mi vida”.
2º. Es importante también que el deseo esté formulado en POSITIVO. Céntrate en lo que quieres ver o materializar en lugar de centrarte en lo que quieres evitar o no quieres tener. El pensamiento es creador y si te centras en lo que no quieres solo harás que eso persista en tu vida. La atención da energía. Cualquier cosa a la que prestes atención crecerá con más fuerza en tu vida. Cualquier cosa a la que dejes de prestar atención, se marchitará, se secará y desaparecerá.
3º. Al formular el deseo puede que te encuentres con alguna resistencia interna. Si es así analiza si se trata de algo que realmente QUIERES o DESEAS y no de algo que surge de tus exigencias de DEBO o TENGO QUE. Para que el proceso decreación funcione es necesario que el deseo sea algo que realmente QUIERAS ver hecho realidad en tu vida.
4º. Recuerda que se trata de tu proceso de creación y por lo tanto tiene que ser algo que DEPENDA DE TI. Aquellos deseos que implican un cambio de actitud en otra persona están condenados al fracaso.
¿Qué estas dispuesto a hacer para que esa nueva realidad se muestre en tu vida? ¿Qué estás dispuesto a dejar de hacer para que se cumpla tu deseo? Una vez tengas formulado tu deseo y te hayas creado una imagen mental del mismo el siguiente paso es añadirle EMOCIÓN.
Si el deseo no te motiva, no te mueve a la acción, no conseguirás nada. Una formade añadirle emoción es a través de la visualización. Visualiza tu nueva realidad y visualízate a ti mismo viviendo esa nueva realidad. Vívela con los cinco sentidos.
Cuanta mayor carga emocional le pongas más energía añadirás a la fórmula y será más fácil que atraigas eso que deseas.
Si quieres cambiar algo de tu vida, no te limites a desearlo y ¡CREALO!
Iciar Piera Iglesias, Coach Personal 

Añadiría, que antes de proceder a esta interesante tarea alquímica tenemos que darnos permiso para desear. A veces, mantenemos contratos inconscientes con nuestro árbol genealógico con cláusulas que nos impiden ser lo que somos, desear lo que deseamos, ni vivir la vida que queremos vivir. Hay que enterrar esos contratos firmados con una gota de nuestra sangre y empezar a diseñar nuestra realidad.
Alejandro Jodorowsky nos dice en sus 10 recetas para ser feliz, “no hay alivio mas grande que comenzar a ser lo que se es. Desde la infancia nos endilgan destinos ajenos. No estamos en el mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios.”
planosinfin.com/alejandro-jodorowsky/‎

El Secreto de la Oración

esde la perspectiva de la Fisica Cuantica, toda realidad posible e imaginable coexiste simultaneamente en alguna forma; de modo que no hay NADA que podamos desear, que no exista ya en forma latente en el universo.
Visto de esta manera, cuando deseamos manifestar algo que no esta presente en nuestra experiencia de vida, llamese salud, amor, dinero, etc.; lo unico que tendriamos que hacer para traerlo a manifestacion (volverlo realidad), es  visualizarnos en medio de esa realidad, y SENTIR desde ella; es decir, sentirnos estar en ella como algo ya realizado, no como algo deseado a futuro, sino como una realidad AQUI Y AHORA. Esta manera de sentir desde esa realidad, genera en forma espontanea un profundo sentimiento de gratitud, al ver realizado nuestro anhelo; y es este sentimiento de profunda e intensa gratitud, el detonador final y el candado que traera a manifestacion aquello que deseamos.
Las traducciones modernas de la Biblia, nos transmiten una enseñanza del Maestro Jesus en estas palabras:
"En verdad, en verdad os digo, que todo cuanto pidiereis a mi Padre en mi nombre, os lo dara. Hasta ahora nada habeis pedido en mi nombre; pedid y recibireis, para que vuestro gozo sea cumplido" (Juan, 16; 23-24).
La version original, traducida del arameo, dice asi:
"Todo aquello que pidas directa y abiertamente... en mi nombre, te sera concedido. Hasta ahora no lo has hecho. Pide sin un motivo oculto y seras rodeado por la respuesta. Dejate envolver por lo que deseas, que tu jubilo sea completo".
Es necesario entender que si nuestra realidad no ha sido de nuestro agrado, necesitamos cambiar ese sentimiento y sentir gratitud por todo lo que existe; por lo que es y lo que ha sido; pues no es bueno ni es malo; es solo enseñanza para crecimiento.
La siguiente narracion de un pasaje del libro "El Efecto Isaias", de Gregg Braden, ilustra magnificamente este principio y la forma correcta y efectiva de orar. Es algo largo, pero bien vale la pena tomarse el tiempo para leerlo:
*LA ORACIÓN DE** DAVID*

Estiré la mano por encima del hombro para alcanzar una botella de agua
fresca de mi mochila. Eran sólo las once de la mañana y el alto sol del
desierto ya había penetrado el grueso nailon, eliminando cualquier
resquicio de frescor de la botella. Durante semanas nos habían estado
avisando de que estaban prohibidas las fogatas y quemar basuras. Incluso
lanzar un cigarrillo desde la ventana de un vehículo en marcha podía
suponer una cuantiosa multa. Este era el tercer año de sequía en el
desierto del sudoeste de Estados Unidos. Aunque era una época de climas
extremos en todas partes, parecía que las montañas del norte de Nuevo
México estaban espe­cialmente afectadas, las pistas de esquí no habían
abierto ese año, y el río Grande se había reducido a un hilo antes de
fusionarse con el río Rojo cerca de Questa.

Al coger la reblandecida botella de plástico para abrirla, se me derramó un
poco de agua alrededor del tapón. Observé fascinado cómo el agua salpicaba
el suelo. La superficie estaba tan reseca que las gotas se fusionaban
formando un charquito antes de rodar al interior de una pequeña depresión
cercana. Incluso dentro de ese hoyo superficial, no se difuminaron y
absorbieron en la tierra. Para mi sorpresa, todo el charquito se evaporó en
cuestión de segundos.
-La tierra tiene demasiada sed para beber -me dijo David suavemente desde
detrás.
-¿Has visto antes una sequía como ésta? -le pregunté.
-Los ancianos dicen que hace más de cien años que las lluvias no nos
dejaban durante tanto tiempo -respondió David-. Esta es la razón por la que
hemos venido a este lugar, para invocar a la lluvia.

Hacía años que conocía a David; de hecho, desde antes de tras­ladarme al
elevado desierto del norte de Santa Fe. Los dos había­mos emprendido un
viaje sagrado alejándonos de nuestros hoga­res, familias y seres queridos.
Su gente llamaba a estos viajes la «búsqueda de la visión». Para mí suponía
la oportunidad de escaparme de mis compromisos corporativos y estar en
contacto con la tierra durante mi etapa periódica de reflexión sobre mi
propósito y rumbo en la vida. A los cinco meses de habernos conocido, me
fui a vivir a las montañas que había visitado para estar en soledad. Aunque
David y yo rara vez nos veíamos, cuando lo hacíamos era como si hubiéramos
estado hablando el día anterior. Nunca había ninguna sensación de extrañeza
o necesidad de disculparnos por nuestra falta de contacto. Los dos sabíamos
que teníamos que dar prioridad a las cosas de nuestra vida que nos exigía
nuestra atención. En ese momento estábamos juntos, compartiendo una tórrida
mañana de verano en el desierto.

Tras un largo trago de mi botella caliente, me levanté y empecé a caminar
hacia David. Él estaba a unos veinte pasos por delante. Le seguía por un
camino invisible que sólo él podía ver. Nuestra marcha se hacía más rápida
a medida que nos abríamos paso por densos matorrales de salvia y chamico
que llegaban a la altura de las rodillas. Miré el suelo que tenía delante.
Cada uno de mis pasos levantaba una pequeña nube de polvo que desaparecía
en la tórrida y seca brisa. Detrás no quedaba ni rastro del camino que
estábamos creando. David sabía exactamente adónde íbamos; era un lugar
conocido por su familia y antepasados durante muchas generacio­nes. Año
tras año acudían a ese lugar en busca de la visión, para realizar sus ritos
de paso, y en ocasiones especiales como hoy.
-Allí -dijo David. Miré hacia donde estaba apuntando. Tenía el mismo
aspecto que los otros miles de hectáreas de salvia, junípero y pino que nos
rodeaban en el valle.
-¿Dónde? -pregunté.
-Allí, donde cambia la tierra -respondió David.

Miré detenidamente, estudiando el paisaje. Revisé la parte superior de la
vegetación, mis ojos buscaban irregularidades en el espacio y en el color.
De pronto saltó a la vista, como una imagen oculta en uno de esos gráficos
tridimensionales que disfrazan una imagen entre los puntos. Miré más de
cerca y vi que las puntas de los arbustos de salvia tenían una distribución
diferente. Al dirigir­nos hacia la aparente anomalía, pude ver algo en el
suelo, algo grande e inesperado. Me detuve para colocarme a la sombra que
creaba mi propio cuerpo, y entonces pude ver una serie de piedras, hermosas
y de todo tipo, organizadas para formar perfectas líneas y círculos
geométricos. Cada piedra estaba exactamente situada, revelando la precisión
con la que las antiguas manos las habían colocado cientos de años antes.

¿Qué es este lugar? -le pregunté a David-. ¿Por qué está aquí, en medio de
la nada?
-Esta es la razón por la que hemos venido -dijo riendo- por esto, lo que tú
llamas «nada», es por lo que estamos aquí. Hoy sólo estamos tú y yo, la
tierra, el cielo y nuestro Creador. Eso es todo. Aquí no hay nada más. Hoy
nos pondremos en contacto con las fuerzas invisibles de este mundo;
hablaremos con la Madre Tierra, con el Padre Cielo y con los mensajeros que
están entre medio.
»Hoy rezaremos lluvia -dijo David.

Siempre me sorprende la rapidez con la que los viejos recuer­dos pueden
inundar el presente. Al igual que me sorprende lo pronto que se desvanecen.
Al momento, mi mente buscó las imá­genes de lo que esperaba que iba a
suceder a continuación. Recor­dé las escenas de oración que me eran
familiares. Recordaba haber ido a los pueblos vecinos y ver a los nativos
ataviados con prendas de su tierra. Recuerdo haberlos estudiado mientras se
movían rít­micamente al son de los mazos de madera con los que percutían
los tambores de cuero de alce tensado sobre marcos de pino. Sin embargo,
ningún recuerdo de mi mente podía prepararme para lo que iba a presenciar.

-El círculo de piedra es una rueda de medicina -me explicó David-. Que
nosotros recordemos, siempre ha estado aquí. La rueda no tiene poder en sí
misma. Sirve como objeto de concentración para invocar la oración. Puedes
verlo como un mapa de carreteras.
Yo debía de haber puesto cara de perplejidad. Por lo que David se adelantó
a mi pregunta y la respondió antes de que hubiera aca­bado de formularla en
mi mente.
-Un mapa entre los seres humanos y las fuerzas de este mundo -dijo
respondiendo a la pregunta que todavía no había formulado-. El mapa fue
creado aquí, porque en este lugar las pieles de ambos mundos son muy finas.
Cuando yo era un niño me enseñaron el lenguaje de este mapa. Hoy recorreré
un antiguo camino que conduce a otros mundos. Desde esos mundos, hablaré
con las fuerzas de esta tierra, para hacer lo que hemos venido a hacer.
Invitar a la lluvia.

Observé cómo David se sacaba los zapatos. Hasta la forma en que se desataba
los lazos de sus viejas botas de trabajo era una oración, metódica,
intencionada y sagrada. Con sus pies descalzos sobre la tierra, se dio la
vuelta y se apartó de mí en dirección al círculo. Sin emitir sonido alguno
recorría su camino alrededor de la rueda, con sumo cuidado para respetar la
colocación de cada una de las piedras. Con veneración hacia sus
antepasados, colocó sus desnudos pies sobre la tierra agrietada. En cada
paso, los dedos de sus pies se acercaban a menos de un centímetro de las
piedras exteriores. Ni una sola vez las tocó. Cada piedra se quedó justo en
el mismo sitio donde otras manos, de una generación hace mucho tiempo
desaparecida, las habían colocado.

Mientras circundaba el contorno más lejano del círculo, David se giró,
permitiéndome ver su rostro. Para mi sorpresa, sus ojos estaban cerrados.
Habían esta­do así todo el tiempo. ¡Estaba venerando una a una la posición
de cada piedra blanca y redonda sintiéndolas mediante la posición de sus
pies! David regresó al lugar más cercano a mí y colocó sus manos en
posición de oración delante de su cara. Su respiración era casi
imperceptible. Parecía no enterarse del calor del sol del mediodía. Tras
unos breves segundos en esta posición, respiró profundamente, relajó la
postura y se giró hacia mí.
-Vámonos, aquí ya hemos terminado -dijo mirándome directamente.
-¿Ya? -pregunté un poco sorprendido. Parecía como si aca­báramos de
llegar-. Pensé que íbamos a rezar para invocar a la lluvia.
David se sentó en el suelo para ponerse de nuevo los zapatos. Me miró y
sonrió.
-No, yo te dije que «rezaría lluvia» -respondió-. Si hubiera rezado
para "invocar" a la lluvia, nunca podría suceder.

Por la tarde cambió el tiempo. La lluvia empezó de repente, con unos pocos
sonidos sordos sobre la tierra que estaba en direc­ción a las montañas del
este. En cuestión de minutos las gotas se fueron haciendo más grandes y más
frecuentes, hasta que se decla­ró una tormenta con todas las de la ley.
Enormes nubes negras cubrían el valle, oscureciendo las montañas de
Colorado por el norte durante el resto de la tarde. El agua se acumulaba
con tanta rapidez que la tierra no la podía absorber, y al cabo de poco
tiem­po empezaron los temores a las inundaciones. Miré los 18 kilóme­tros
de salvia que había entre donde me encontraba yo y la cadena montañosa al
este. El valle parecía un inmenso lago.

A última hora de la tarde, miré la previsión meteorológica de las
estaciones locales. Aunque no estaba sorprendido, recuerdo haber sentido
admiración mientras los mapas del tiempo colorea­dos parpadeaban en la
pantalla. Las flechas animadas indicaban el típico patrón de aire frío y
húmedo que descendía formando un ángulo desde la región Noroeste del
Pacífico, atravesaba Utah y entraba en Colorado, como solía hacer en los
meses de verano. Luego, inexplicablemente, la corriente cambió su curso e
hizo algo excepcional. Observaba, sorprendido, cómo la masa de aire se
adentraba con precisión en el sur de Colorado y norte de Nuevo México antes
de formar un cerrado bucle para cambiar de direc­ción y regresar al norte,
reanudando su camino a través de la región Central.

Con ese descenso se convertía en un frente de baja presión y aire frío que
se mezclaría con el aire caliente y húmedo que ascendía del Golfo de
México, la receta perfecta para la lluvia. Por las previsiones del tiempo,
parecía que iba a llover y bastante. Llamé a David a la mañana siguiente.
-¡Qué desastre! -exclamé-. Las carreteras han desapareci­do. Las casas y
los campos están inundados. ¿Qué ha sucedido? ¿Cómo explicas toda esta
lluvia?
La voz al otro lado de la línea permaneció en silencio durante unos
segundos.
-Ese es el problema -dijo David-. ¡Esta es la parte de la oración que
todavía no he comprendido!

A la mañana siguiente, la tierra ya estaba lo bastante húmeda para aceptar
más agua. Me monté en el coche y atravesé varios Pueblos en dirección a la
ciudad más cercana. La gente estaba exta­siada contemplando la lluvia. Los
niños jugaban en el barro. Los granjeros estaban en las ferreterías y
tiendas de ultramarinos, ocupándose de sus negocios de ganadería y
agricultura. Las cosechas habían sufrido un daño mínimo. El ganado tenía
agua en sus estan­ques y parecía como si el norte de Nuevo México hubiera
superado la tristeza de la sequía, al menos en lo que quedaba de verano.

*GRATITUD: RESPIRAR LA VIDA EN NUESTRAS ORACIONES*

La historia de David ilustra perfectamente el funcionamiento interno de un
modo de oración olvidado por nuestra cultura hace casi dos mil años. Tras
su breve ceremonia dentro del círculo de la medicina, David me había mirado
y dicho simplemente: «Vámo­nos, aquí ya hemos terminado nuestro trabajo».
El resto del tiempo que estuve con David ese día, ahora tiene mucho más
sentido e importancia.
Ya sé lo que significaba la respuesta de David «he venido a rezar lluvia».
El resto de la historia quizá sea mejor contarla con sus propias palabras.

-Cuando era joven -dijo-, nuestros mayores me transmitieron El Secreto de la Oración. El secreto es que cuando pedimos algo, estamos reconociendo que no lo tenemos. Seguir pidiendo sólo aumenta el poder de lo que nunca sucederá.
« El camino entre el ser humano y las fuerzas de este mundo empiezan en nuestro corazón. Es allí donde nuestro mundo de los sentimientos se une con el de nuestro pensamientos ». En mi ora­ción, empecé con un sentimiento de gratitud por todo lo que existe y por todo lo que ha sucedido. Di gracias al viento del desierto, al calor y a la sequía, pues hasta ahora así es como ha sido. No es bueno. No es malo. Ha sido nuestra medicina.»


Luego he escogido otra medicina. Empecé a sentir lluvia. Sentí la lluvia
cayendo sobre mi cuerpo. De pie en el círculo de piedra, imaginé que estaba
en la plaza de nuestro pueblo, descalzo bajo la lluvia. Sentí la sensación
de la tierra húmeda que rezumaba entre los dedos de mis pies. Olí el olor
de la lluvia en las paredes de paja y barro de las casas de nuestro pueblo
después de las tor­mentas. Sentí la sensación de caminar por los campos de
maíz que crecía hasta la altura de mi pecho debido a la generosidad de las
lluvias.

Los ancianos nos recuerdan que así es como elegimos nues­tro camino en este
mundo. Primero hemos de tener el sentimiento de lo que deseamos
experimentar. Así es como plantamos las semi­llas para un nuevo camino. De
ahí en adelante -prosiguió David- nuestra oración se convierte en una
acción de gracias.
-¿Gracias? ¿Quieres decir gracias por lo que hemos creado?
-No, no por lo que hemos creado --respondió David – la creación ya esta
completa. Nuestra oración se convierte en una oración de gracias por la *
oportunidad de elegir que creación vamos a experimentar. Mediante
nuestro agradecimiento, veneramos to­das las posibilidades y atraemos a
nuestro mundo aquellas que deseamos.

De este modo, con las palabras de su pueblo, David había compartido conmigo
el secreto de entrar en comunión con las fuerzas de nuestro mundo y
nuestros cuerpos. Aunque había escu­chado y comprendido lo que me había
dicho, sus palabras todavía son más significativas para mí hoy en día.