martes, 2 de noviembre de 2010

LOS BENEFICIOS DE LA COMPASIÓN

El ser humano se está alejando de los valores que le hacen ser feliz como la paz, la paciencia, la humildad, la alegría, la generosidad, los estados interiores negativos nos hacen ser desdichados, realmente no hemos nacido para alimentarlos.
La filosofía budista nos da un enfoque para retornar al estado natural de la mente y recuperar así nuestro equilibrio.
En años recientes muchos estudios apoyan la conclusión de que el desarrollo de la compasión y el altruismo tiene un efecto positivo sobre nuestra salud física y emocional.
En un conocido experimento, David Mc Clelland, psicólogo de la Universidad de Harvard, mostró a un grupo de estudiantes una película sobre la Madre Teresa trabajando entre los enfermos y los pobres de Calcuta. Los estudiantes declararon que la película había estimulado sus sentimientos de compasión. Más tarde, se analizó la
saliva de los estudiantes y se descubrió un incremento en el nivel de inmunoglobulina A, un anticuerpo que ayuda a combatir las infecciones respiratorias. En otro estudio realizado por James House en el Centro de Investigación de la universidad de Michigan, los investigadores descubrieron que realizar trabajos de voluntariado con regularidad, interactuar con los demás en términos dé benevolencia y compasión, aumentaba espectacularmente las expectativas de vida y, probablemente, también la vitalidad general. Muchos investigadores del nuevo campo de la medicina mente-cuerpo han realizado descubrimientos similares y concluido que los estados mentales positivos pueden mejorar nuestra salud física.
Además de los efectos beneficiosos que tiene sobre la salud física, hay pruebas de que la compasión y el cuidado de los demás contribuyen a mantener una buena salud emocional. Abrirse para ayudar a los demás induce una sensación de felicidad y serenidad. En un estudio realizado a lo largo de treinta años con un grupo de graduados de Harvard, el investigador George Vaillant llegó a la conclusión de que un estilo de vida altruista constituye un componente básico de una buena salud mental.
En una encuesta de Alían Luks, realizada entre varios miles de personas que participaban regularmente en actividades de voluntariado, más del 90% declaró tener una sensación de «entusiasmo» asociado con la actividad, caracterizado por un incremento de energía y autoestima y una especie de euforia. El voluntariado no sólo Proporcionaba una interacción que era emocionalmente nutritiva sino también esa «serenidad del que ayuda», vinculada con el alivio de perturbaciones derivadas del estrés.
Aunque las pruebas científicas apoyan claramente la postura del Dalai Lama acerca del valor de la compasión, no hay necesidad de acudir a experimentos y encuestas para confirmarla corrección de su punto de vista.
podemos descubrir los estrechos vínculos que existe entre compasión y felicidad en nuestras vidas y las vidas de quienes nos rodean. Joseph, un contrantista de la construcción de sesenta años, a quien conocí hace unos años es un buen ejemplo de ello. Durante treinta años, Joseph se aprovechó de las ventajas de la expansión aparentemente ilimitada que se produjo en Arizona, y se convirtió en multimillonario. A finales de la década de 1980, sin embargo, se produjo la crisis inmobiliaria más grande de la historia del estado. Joseph estaba fuertemente endeudado y lo perdió todo. Sus problemas financieros crearon fuertes tensiones entre él y su esposa, que finalmente llevaron al divorcio después de veinticinco años de matrimonio. Joseph empezó a beber en exceso. Afortunadamente, pudo dejarlo con la ayuda de Alcohólicos Anónimos. Como parte de su programa, ayudó a otros alcohólicos a rehabilitarse. Descubrió entonces que disfrutaba con la actividad de voluntario. Dedicó sus conocimientos empresariales a ayudar a los económicamente más débiles. Al hablar de la vida que llevaba, Joseph señaló:
Ahora soy propietario de un pequeño negocio de albañilería con unos ingresos modestos, y ya no volveré a ser tan rico como antes. Lo más extraño de todo, sin embargo, es que no añoro aquella prosperidad. Dedico mi tiempo a actividades de voluntariado para diferentes grupos, a trabajar directamente con la gente, a ayudarlos lo mejor que puedo. Actualmente, disfruto más en un solo día que antes en un mes, cuando ganaba mucho dinero. Nunca he sido tan feliz.
MEDITACIÓN SOBRE LA COMPASIÓN
(ENSEÑADA POR EL DALAI LAMA)
Al generar compasión, se empieza por reconocer que no se desea el sufrimiento y que se tiene el derecho a alcanzar la felicidad. Eso es algo que puede verificarse con facilidad. Se reconoce luego que las demás personas, como uno mismo, no desean sufrir y tienen derecho a alcanzar la felicidad. Eso se convierte en la base para empezar a generar compasión.
Así pues, meditemos hoy sobre la compasión. Empecemos por visualizar a una persona que está sufriendo, a alguien que se encuentra en una situación dolorosa, muy infortunada. Durante los tres primeros minutos de la meditación, reflexionemos sobre el sufrimiento de ese individuo de forma analítica, pensemos en su intenso sufrimiento y lo infeliz de su existencia. Después tratemos de relacionarlo con nosotros mismos, pensando: "Este ser tiene la misma capacidad que yo para experimentar dolor, alegría, felicidad y sufrimiento". A continuación, tratemos de que surja en nosotros un sentimiento natural de compasión hacia esa persona. Intentemos llegar a una conclusión, pensemos en lo fuerte que es nuestro deseo de que esa persona se vea libre de su sufrimiento. Tomemos la decisión de ayudarla a sentirse aliviada. Finalmente, concentrémonos en esa resolución y, durante los últimos minutos de la meditación, tratemos de generar un estado de compasión y de amor en nuestra mente.


El Simbolismo del Mandala




En sánscrito, mandala significa círculo, en especial círculo mágico, pero en sentido más amplio representa medios auxiliares de concentración y de meditación construidos a partir de círculos y de formas derivadas del círculo, como flores o ruedas, en el ámbito indo-budista y también en el Tibet lamaísta. Tales estructuras son generalmente dibujadas y pintadas, pero también se emplean arquitectónicamente como planos en la construcción de templos. En sentido propio son reproducciones espirituales del orden del mundo, a menudo combinadas con elementos derivados del cuadrado. La dirección hacia un centro tiende hacia la concentración y la meditación. En el centro del mandala, según la doctrina y el grado de iniciación, se encuentran diversos símbolos.

Según Mircea Eliade, el mandala es "a la vez una imagen del Universo y una teofanía".

"El anillo externo del mandala consiste en una "barrera de fuego", que por una parte prohibe el acceso a los que no son iniciados, pero por otra, simboliza el conocimiento metafísico que "quema la ignorancia". Enseguida viene un "anillo de diamante"; ahora bien, el diamante es el símbolo de una conciencia suprema, la boddhi, la iluminación. Inmediatamente dentro del anillo de diamante está inscrito un círculo alrededor del cual están representados ocho cementerios, que simbolizan los ocho aspectos de la conciencia desintegrada; el motivo iconográfico de los cementerios se observa sobre todo en los mandala dedicados a las deidades aterradoras. Sigue después el anillo de hojas, que simboliza el renacimiento espiritual. En el centro de este último círculo se encuentra el mandala propiamente dicho, también llamado palacio (vimana), es decir, el lugar en que se disponen las imágenes de los dioses."

Como ayudas para la meditación, estas imágenes de mandalas se designan con el nombre sánscrito de yantras. Se emplean en técnicas de visualización en las que, después de contemplar largamente un mandala y memorizar sus intrincadas figuras, se cierran los ojos y se trata de representarlo internamente con todos sus detalles. Cada cierto tiempo se abren los ojos y se compara con el original. Una vez que el practicante adquiere mayor pericia, se complica la técnica haciendo desaparecer en la imagen mental cada uno de sus componentes, en un orden riguroso hasta quedar en un absoluto blanco. Después se empieza a poblar ese espacio mental - en el mismo orden de la desaparición - hasta reconstruir el mandala en su totalidad.





Geométricamente, el mandala surge del círculo, del cuadrado o del triángulo equilátero, figuras planas elementales. El círculo es la figura geométrica más simple, en la que todos sus puntos establecen una relación tensional de equidistancia con otro punto que es el centro. Esta es la figura geométrica estandarte del equilibrio y el orden y, por tanto, y en sí misma, podemos considerarla como un Mandala. Con el cuadrado o el triángulo equilátero sucede lo mismo: en ambos casos existe una dimensión de igualdad entre sus lados y una relación directamente proporcional de la superficie con respecto a dichos lados.

Estas figuras geométricamente simples –círculo, cuadrado, triángulo equilátero- son las formas elementales más utilizadas por el hombre en diferentes tiempos y culturas y simbolizan el orden del Universo (o un universo en particular). El vastu-purusha hindú es uno de esos mandalas. "El denominado vastu-purusha mandala es una imagen de las leyes que gobiernan el cosmos a las que están sometidos tanto los hombres como la tierra sobre la cual edifican. En su actividad como constructores los hombres ordenan su entorno del mismo modo en que otro tiempo Brahma obligó al indefinido purusha a tomar una forma geométrica... Construir es la acción de organizar la existencia desordenada de acuerdo con las leyes fundamentales que la rigen. Esto únicamente puede conseguirse obligando a todo monumento, desde el refugio del ermitaño hasta la estructura de la ciudad, a seguir fielmente el diagrama mágico del vastu-purusha-mandala."

No debe pensarse que la representación plástica del mandala sea propia sólo de los budistas. Ellos solamente han elaborado con mayor precisión una intuición antiquísima de origen asirio-babilónico. Es ante todo un cosmograma, una proyección geométrica del universo entero en su esquema esencial, en su proceso de emanación y reabsorción (los días y noches de Brahma). El mismo principio regula la construcción de los templos, cada templo es un mandala. El ingreso al templo no es solamente a un lugar consagrado, sino que es la entrada al mysterium magnus. Quien cumpla el rito de circunvalación según las reglas prescritas, recorre el mecanismo secreto del mundo, hasta transfigurarse junto al sanctum sanctorum, ya que al alcanzar el centro místico del edificio sagrado se identifica con la unidad primordial.

Hasta aquí lo concerniente al mandala desde un punto de vista clásico, si es que puede utilizarse la palabra en este caso. Después, personas pertenecientes a culturas que no son la hindú o la tibetana han observado desde fuera el concepto que acabamos de describir y sobre todo las imágenes, y se han dado cuenta de que el mandala ha sido utilizado, con otros nombres quizás, en otras muchas culturas a lo largo de los tiempos. El concepto al que esta palabra se refiere -ordenar mística y materialmente el mundo-, es común al espíritu e impulso humanos en diferentes lugares del planeta y a lo largo de los siglos. Ya en el Neolítico, cuando el hombre deja de ser nómada y se convierte sedentario con la ganadería y la agricultura, podemos encontrar diferentes símbolos mágicos mandálicos, De hecho, al Stonehenge podríamos considerarlo como el más famoso mandala del Neolítico. Los antiguos bretones del sur de la actual Inglaterra, que reconstruyeron Stonehenge durante un lapso de tiempo de mil años tenían la clara intención de comprender con este monumento, no solo los fenómenos astrológicos, sino a través de diferentes rituales, establecer las más diferentes implicaciones cósmicas -de ahí que también se le conozca cariñosamente con el nombre de computador del Neolítico-. Stonehenge era un centro sagrado de la comunidad para las tribus que lo usaron: un monumento a su cohesión social, reflejado tanto en su espíritu de sacrificio al aunar esfuerzos para erigir megalitos, como durante las asambleas rituales, cuando un eclipse o un espectacular amanecer, predicho por los sacerdotes, convocaban a la comunidad a converger en el recinto para presenciar los acontecimientos al unísono3.

En América, por ejemplo, tanto en el norte como en el sur pueden verse dibujos realizados en la tierra o sobre soportes más duraderos que a través de círculos. Otras imágenes geométricas representan la Creación y otros grandes misterios que inquietan a la humanidad desde los orígenes. Entre los indios de Norteamérica se utilizan estas imágenes para curar a los enfermos; en otras culturas como la Maya o la Azteca se hacía uso del disco solar y otras imágenes de base circular en las que se incluían otros símbolos más pequeños.

Así mismo en Europa se ha empleado el mandala en los edificios sagrados, catedrales góticas, por ejemplo, los rosetones que forman las vidrieras pueden considerarse mandalas geométricos. Anteriormente, incluso, se utilizaba la imagen del Cristo rodeado por los cuatro evangelistas (cuatro direcciones). Posteriormente, en el Renacimiento, comenzó a utilizarse la planta circular para las iglesias, incluso existe una teoría de que Roma fue proyectada con base circular y posteriormente dividida en cuatro cuadrantes por dos vías principales que se cruzaban en el centro.

En la actualidad se ha reconocido el mandala en el propio diseño de la naturaleza, se ha extendido su contemplación desde creaciones enormes (planetas, estrellas, sistemas enteros, galaxias), hasta realidades imposibles de ver a simple vista (células, átomos).

De este modo vemos que el mandala parece existir independientemente de una cultura en particular, incluso al margen de la cultura lo encontramos en el mundo natural.

El mandala es el paradigma de la evolución y la involución cósmica en su retorno al centro del universo; pero simboliza también el refluir de la experiencia de la psiquis en busca de la unidad de consciencia para descubrir el principio ideal de las cosas. No es solamente un cosmograma sino también un psicograma, el esquema de la desintegración del uno en lo múltiple y la reintegración de lo múltiple en el uno, en la consciencia absoluta, entera y luminosa, que tendría que brillar en lo profundo de nuestro ser. El hombre tiene en el centro de sí mismo el principio recóndito de su propia vida, la esencia misteriosa, el punto luminoso de consciencia del que irradian las facultades psíquicas. Él tiene la vaga intuición de esa luz que podría brillar dentro de sí, expandiéndose y propagándose hacia planos espirituales.

Cuando el pintor de la India o del Tíbet dibuja un mandala, no obedece a un arbitrio de la fantasía: sigue una tradición precisa que le enseña a representar de una manera especial el drama mismo de su alma. No pinta las imágenes de un ícono, sino que vuelca los fantasmas de su yo profundo y así los conoce, y de ese modo se libera.


El Mandala se podría definir como la manifestación (la más pura) del esfuerzo humano por llegar a comprender el Todo Cosmológico. El Mandala es ese gesto-símbolo-objeto en el que la dispersidad queda concretizada. El hombre ha utilizado desde siempre el Mandala como medio o instrumento para relacionarse con la realidad, para comprenderla, ordenarla... entendemos por realidad tanto aquella que puede ser percibida por los cinco sentidos, como esa otra a la que podemos aproximarnos solo intuyéndola como Misterio. Así, podemos considerar que el Arte se materializa a través de la estructura mandálica. El Arte es la manifestación más íntima del hombre, esa que lo pone en contacto en un esfuerzo titánico con aquello que no comprende y que, posiblemente, nunca llegará a comprender. Es la expresión interiorizada del exterior -podríamos considerarla como una teatralización simultánea del juego interior-exterior de la existencia-. Frente a la lucha de contrarios hegeliano, el Mandala se presenta como la estructura-hogar-ordenadora de las fuerzas más dispares.

El Arte siempre se concibe como Mandala: todas las obras de Arte son Mandalas. Aunque el Arte de hoy en día no posea los valores mágicos que se le atribuían en el pasado -cosa que puede parecer algo más que discutible, sobre todo para algunos filósofos y psiquiatras contemporáneos-, creo que la gestación de cualquier manifestación artística se sigue rigiendo, como siempre, por las mismas estructuras creativas y, por tanto, mándalicas.

El gran pensador y psiquiatra Carl Gustav Jung utilizó el Mandala como instrumento conceptual para analizar y sentar las bases sobre las estructuras arquetípicas de la psique humana. Consideraba que el comportamiento del hombre se moldea según dos estructuras básicas de conciencia, la individual y la colectiva; la primera se aprende durante cada vida en particular; la segunda se hereda de generación en generación, como si se tratase de un gen, pero en vez de definir el color marrón, azul o negro de nuestros ojos, esta herencia rige nuestros comportamientos más cotidianos.

Desde un punto de vista psicológico, el Mandala se definiría como la estructura de un determinado comportamiento-matriz de nuestra conciencia colectiva. Se manifiesta muy claramente cuando nuestra conciencia individual permanece en un estado de semivigilia: son mandalas, por ejemplo, esos dibujps abstractos realizados mientras estamos ensimismados tomando un café o cuando, en una reunión o conferencia que no nos interesa, en vez de tomar notas, hacemos garabatos inconscientemente en la libreta. Estos dibujos, de una u otra manera, intentan compensar nuestra dispersión mental y ordenar en ese preciso momento nuestra existencia. Si analizamos dichos dibujos comprobamos que la mayoría de ellos están trazados a partir de figuras geométricas enormemente simples –planas, concéntricas. Vemos que sobre todo son el cuadrado y el círculo las figuras geométricas base para la materialización de estos dibujos tan primarios.

Sin embargo, el Mandala no se refiere únicamente a una figura geométrica concreta: el círculo, el cuadrado, el triángulo equilátero. Mandala hace referencia a una actitud, al estímulo por reconciliar fuerzas irreconciliables, contrarias... El sentido de la existencia del mandala se muestra ante la frustración que sentimos frente a la dispersidad; la dispersión es una característica de la locura y, por tanto, de la pérdida de contacto con la realidad o, dicho de otra forma, de la pérdida de la conciencia del ser, que es la cualidad esencial que define al hombre como hombre. La Creatividad es terapia para el artista al fundir en esa actividad partes diferentes, desligadas, incomprensibles del mundo en un Todo... El proceso creativo se materializa y desarrolla a través de la estructura mandálica.

Saelas Jarret-

domingo, 31 de octubre de 2010

lunes, 18 de octubre de 2010

Desinfectar el agua en forma natural

Desinfectar agua sin ningún producto químico, de manera ecológica, rápida y efectiva, sólo con la luz del sol. Éste es un sueño para muchos, sobre todo, para quienes por vivir en países en desarrollo ven muy limitado su acceso al agua potable purificada. Un equipo multidisciplinar de investigadores ha conseguido este reto a partir de una tecnología anterior para desinfectar agua, mediante fotocatalizadores, pero que sólo utilizaba luz ultravioleta. El sistema se ha optimizado con el uso de luz visible, mucho más abundante, y permite desinfectar incluso en la oscuridad.

- Imagen: Angel Arcones -
Era ya un hecho conocido que la incidencia de luz ultravioleta (UV) de alta intensidad tiene un efecto bactericida. Por ello algunos sistemas de desinfección de agua para excursionistas y montañeros integran esta tecnología. Sobre esta base, grupos de investigadores habían desarrollado fotocatalizadores activados por rayos UV para desinfectar agua, sobre todo, cuando los métodos tradicionales era inviables. Estos sistemas gozan de la categoría de ecológicos, ya que en ellos no intervienen sustancias químicas potencialmente contaminantes. Sin embargo, resultaban poco eficientes en cuanto al aprovechamiento de la luz solar, ya que la radiación ultravioleta de la que se nutren supone apenas un 5% del espectro frente al 46% del visible, según especifican estos investigadores.

Ataque a las bacterias

El sistema desarrollado consiste en fibras de óxido de titanio a las que se introduce nitrógeno para que absorban la luz visible. El óxido de titanio dopado con nitrógeno (nombre que recibe la técnica que se usa en este campo, ya que traslada impurezas a un material para modificar su comportamiento) es capaz por sí solo de eliminar bacterias, aunque no de manera eficiente. Sin embargo, este grupo de investigadores ha añadido paladio a la superficie de las fibras, un aspecto que aumenta el rendimiento de la desinfección.
Las cargas positivas reaccionan con el agua y crean radicales capaces de atacar a las bacterias
Para comprobar su eficacia, los expertos en ciencias de los materiales de la Universidad de Illinois colocaron el fotocatalizador en una solución con una alta concentración de "E.coli", enfocada con una lámpara halógena en diferentes intervalos de tiempo. En una hora, el fotocatalizador fue capaz de reducir la concentración bacteriana de 10 millones de células a una sola en un volumen de 10.000 litros. El experimento también se realizó en la oscuridad y se comprobó la capacidad de desinfección del fotocatalizador en ausencia de luz. Para ello, hicieron brillar ésta sobre las fibras durante 10 horas, en una simulación de la exposición diurna, y después las almacenaron en oscuridad. Al cabo de 24 horas, el fotocatalizador todavía operaba y eliminaba bacterias en ausencia de luz.
Los fotocatalizadores tradicionales dejan de trabajar casi de manera instantánea cuando se apaga la luz, pero los nuevos dispositivos siguen su actividad durante muchas horas, incluso tras sólo unos minutos de iluminación. Cuando la luz incide sobre este material de óxido de titanio con nitrógeno y paladio crea cargas positivas y negativas (electrones). Las cargas positivas reaccionan con el agua y crean radicales capaces de atacar a las bacterias. El paladio secuestra los electrones e impide que estos neutralicen las cargas positivas, por lo que aumenta la potencia del proceso.
Cuando la luz se apaga, las partículas de paladio sueltan poco a poco su carga almacenada, que reacciona de nuevo con el agua y crea más agentes activos. De esta manera, el fotocatalizador desinfecta con gran eficacia durante el día y funciona de noche e, incluso, durante periodos de corte eléctrico. Como ventaja añadida, dada la rapidez de desinfección del sistema, este fotocatalizador es capaz de limpiar grandes volúmenes de agua.

Seguridad hídrica

Las enfermedades relacionadas con el consumo de agua contaminada es una de las principales causas de mortalidad en los países en desarrollo, sobre todo, entre los niños. Se calcula que más del 80% de las enfermedades detectadas en estos países están relacionadas con el consumo de agua insalubre. Diarreas, malaria, parasitosis o hepatitis A son algunas de las causas de contaminación biológica del agua por bacterias, parásitos o virus. Además, otras contaminaciones químicas se relacionan con los vertidos industriales, que podrían causar intoxicaciones agudas, pero también enfermedades a medio y largo plazo.
Por todo ello resulta de vital importancia el control de la contaminación y la calidad del agua mediante programas integrales de potabilización y saneamiento, así como una correcta gestión de los recursos hídricos que aseguren una adecuada salubridad en el agua de consumo. El desarrollo e implantación de sistemas de desinfección de agua basados en la utilización de recursos naturales como la luz solar son un gran avance en la obtención de agua purificada, sobre todo en los países en desarrollo, donde el acceso a otras fuentes de energía o a los productos químicos está muy limitado.
Se calcula que más de 2.500 millones de personas viven sin un sistema de saneamiento de agua adecuado. Este año, con motivo de la celebración del Día Mundial del Agua el pasado 22 de marzo, se lanzó desde las instituciones el eslogan "Agua limpia para un mundo sano", que resume el estrecho vínculo entre ambos conceptos y reivindica que el agua es vida y que las vidas dependen de la calidad del agua que se consume.

UNA OPCIÓN SIN QUÍMICOS


- Imagen: Esteban Leon -
Los fotocatalizadores son equipos que aplican el proceso de fotocatálisis, también denominado catálisis fotónica, basado en las propiedades del dióxido de titanio. La fotocatálisis es un proceso de transferencia de electrones que utiliza el dióxido de titanio activado mediante luz, hasta ahora ultravioleta, para el tratamiento de agua contaminada. El efecto biocida representa una revolución para desinfectar agua, ya que se basa en procesos físicos y no en agentes químicos tradicionales como cloro, de los que está exento.
Estos sistemas, que suponen la aplicación directa de un proceso conocido desde hace décadas, se mejoran ahora al integrar como fuente la luz visible, en lugar de la ultravioleta, así como un sistema de almacenamiento de descarga gradual que permite que el sistema desinfecte agua en la oscuridad. Los métodos tradicionales de desinfección implican la utilización de productos químicos como el cloro, el calor (ebullición) o la filtración o una mezcla de estos sistemas.

Hay muchas teorías que hablan de niños Índigo y Cristal. Nos podemos preguntar: ¿Quienes son los niños índigo?, ¿Y quienes los niños Cristal? Hay muchas teorías que hablan de niños Índigo y Cristal. Nos podemos preguntar: ¿Quienes son los niños índigo?, ¿Y quienes los niños Cristal? O bien podemos preguntar: ¿Qué es la energía índigo? ¿Y qué es la energía Cristal? Prefiero enfocar el tema desde el punto de vista de la energía más que el de los niños, porque de esta manera lo despersonifico, y podré hablar no sólo de los niños, sino también de adultos. Cuando digo “Índigo y Cristal”, hablo de las energías que traen los seres nuevos, y cuando digo “nuevos”, no me refiero a la edad, sino a las almas nuevas que están hoy en la tierra. Por lo tanto estos términos no solo nos hablan de los niños, sino de todas aquellas personas, sin importar la edad, que han venido con un propósito bien definido, y la energía que traen los ayudará a llevarlo a cabo. Son seres con una energía diferente a la de otros, ni mejor ni peor, solo diferente, porque todos los seres son igual de importantes y necesarios, si cada uno cumple con su parte y no se olvida a qué vino. Estos seres nuevos, están en este mundo pero muchas veces se sienten ajenos a él, sienten una gran melancolía porque saben que hay algo más y no saben como alcanzarlo. Son seres que se angustian al ver el mundo como está, y buscan las posibilidades de cambiarlo. La energía Índigo Muchos seres que hoy están en la tierra tienen esta energía. Es una energía rebelde, cuestionadora de las masas, rompedora de estructuras familiares, culturales, religiosas. Son seres que no se adaptan a modelos preestablecidos, sufren cuando se los quiere encasillar en alguno, y la forma que encuentran para defenderse de ellos, es a través de la rebeldía. Estos seres quieren diferenciarse, luchan por no ser iguales a todos. Están despiertos, muchos concientemente, es decir saben lo que quieren, a donde van y qué quieren lograr. Aceptan las elecciones de los demás aunque no estén de acuerdo con ellas, pero están firmes en su propósito. Otros, están despiertos también, pero no son concientes de la energía que traen, y muchas veces la desperdician queriendo cambiar a los demás o a los lugares en donde se encuentran. Desperdician su energía y potencial, intentando cambiar la vida de los otros forzadamente. ¿Como reconocer a un adulto con energía índigo? Es muy simple, no estará quieto ante una injusticia. En su trabajo, por ejemplo, no se dejará sobrepasar por sus “superiores”, defenderá su postura si la cree justa para él y para los otros. No se dejará engañar, no mentirá, y si lo hizo por alguna inconciencia del momento, no se lo perdonará fácilmente y buscará remediar el error. Son seres leales. Idealistas y defensores del bien común. La energía Índigo es muy necesaria en el mundo en que estamos viviendo, pero a veces, estos seres se identifican tanto con el “soy rebelde y peleador”, que no logran encontrar otros caminos para solucionar los problemas que se les presentan. Tiene que lograr encontrar el equilibrio, y actuar con la energía justa para cada situación, no siempre con la misma. Y a la vez, deben aprender a usar otras herramientas, otros dones que traen a desarrollar. Si solo actúan por el impulso de identificarse con el “soy rebelde y peleador”, no dejará de ser un personaje más de tantos otros que los humanos se arman, por temor a mostrarse tal cual son. La energía índigo, como dije anteriormente, es necesaria muchas veces, pero no siempre. El mundo está pidiendo otra cosa, pide equilibrio, pide la rebeldía solo cuando es necesaria, y la humildad para poder encontrarse con el otro, corazón a corazón, alma a alma, sin personajes de por medio. Se necesita paz, no guerra. Se necesita amor, no conflictos. Entonces esta energía puede ser justiciera, pero amorosa. Un ser índigo puede tener un guerrero dentro, pero un guerrero espiritual, no un guerrero del ego. Si usted se siente identificado con estás características, obsérvese en su día a día. Vea cuando actúa impulsivamente sin detenerse sentir la sabiduría de su alma. Sea una persona auténtica. Defienda lo que siente pero sin desestabilizarse, sin perder su centro de equilibrio. No entregue toda su energía, solo lo justo que requiera la situación. Los niños Índigo o la energía Índigo de los niños Un niño con esta energía, exigirá a sus educadores, maestros o padres, no ser visto como uno más del montón; exigirá formas dinámicas de aprender. Querrá todas las respuestas, y no solo esto, querrá escuchar la verdad siempre. Estos niños son muy exigentes consigo mismos y con el entorno. Cuentan con un exceso de energía que hace que a menudo no encuentren los mejores medios para exigir lo que merecen. Cuando se encuentran inconformes con lo que les ofrecen, fácilmente se desvían hacia la rebeldía o agresividad. No aceptan órdenes impuestas, y cuando se encuentran ante personas autoritarias, se muestran desinteresados y cuestionadores. No aceptarán un “No porque no”. Quien quiera llegar verdaderamente al alma de estos niños, deberá “ganarse” ese privilegio. No es simple conquistar su amor, ni calmarlo fácilmente. Deberán escucharlo, verlo, comprenderlo sinceramente, y ahí lo conocerán. Él se entregará al adulto, cuando el adulto se entregue a él. Estos niños no querrán ser tomados como chiquillos que nada entienden y que nada saben, querrán una relación simétrica, donde todos se respeten desde el lugar en donde están. Querrán jugar, y aprender jugando.


Hay muchas teorías que hablan de niños Índigo y Cristal.
Nos podemos preguntar: ¿Quienes son los niños índigo?, ¿Y quienes los niños Cristal?
O bien podemos preguntar: ¿Qué es la energía índigo? ¿Y qué es la energía Cristal?
Prefiero enfocar el tema desde el punto de vista de la energía más que el de los niños, porque de esta manera lo despersonifico, y podré hablar no sólo de los niños, sino también de adultos.
Cuando digo “Índigo y Cristal”, hablo de las energías que traen los seres nuevos, y cuando digo “nuevos”, no me refiero a la edad, sino a las almas nuevas que están hoy en la tierra.
Por lo tanto estos términos no solo nos hablan de los niños, sino de todas aquellas personas, sin importar la edad, que han venido con un propósito bien definido, y la energía que traen los ayudará a llevarlo a cabo.
Son seres con una energía diferente a la de otros, ni mejor ni peor, solo diferente, porque todos los seres son igual de importantes y necesarios, si cada uno cumple con su parte y no se olvida a qué vino.
Estos seres nuevos, están en este mundo pero muchas veces se sienten ajenos a él, sienten una gran melancolía porque saben que hay algo más y no saben como alcanzarlo. Son seres que se angustian al ver el mundo como está, y buscan las posibilidades de cambiarlo.
La energía Índigo
Muchos seres que hoy están en la tierra tienen esta energía.
Es una energía rebelde, cuestionadora de las masas, rompedora de estructuras familiares, culturales, religiosas.
Son seres que no se adaptan a modelos preestablecidos, sufren cuando se los quiere encasillar en alguno, y la forma que encuentran para defenderse de ellos, es a través de la rebeldía.
Estos seres quieren diferenciarse, luchan por no ser iguales a todos.
Están despiertos, muchos concientemente, es decir saben lo que quieren, a donde van y qué quieren lograr. Aceptan las elecciones de los demás aunque no estén de acuerdo con ellas, pero están firmes en su propósito.
Otros, están despiertos también, pero no son concientes de la energía que traen, y muchas veces la desperdician queriendo cambiar a los demás o a los lugares en donde se encuentran. Desperdician su energía y potencial, intentando cambiar la vida de los otros forzadamente.
¿Como reconocer a un adulto con energía índigo?
Es muy simple, no estará quieto ante una injusticia.
En su trabajo, por ejemplo, no se dejará sobrepasar por sus “superiores”, defenderá su postura si la cree justa para él y para los otros.
No se dejará engañar, no mentirá, y si lo hizo por alguna inconciencia del momento, no se lo perdonará fácilmente y buscará remediar el error.
Son seres leales. Idealistas y defensores del bien común.
La energía Índigo es muy necesaria en el mundo en que estamos viviendo, pero a veces, estos seres se identifican tanto con el “soy rebelde y peleador”, que no logran encontrar otros caminos para solucionar los problemas que se les presentan.
Tiene que lograr encontrar el equilibrio, y actuar con la energía justa para cada situación, no siempre con la misma. Y a la vez, deben aprender a usar otras herramientas, otros dones que traen a desarrollar.
Si solo actúan por el impulso de identificarse con el “soy rebelde y peleador”, no dejará de ser un personaje más de tantos otros que los humanos se arman, por temor a mostrarse tal cual son.
La energía índigo, como dije anteriormente, es necesaria muchas veces, pero no siempre.
El mundo está pidiendo otra cosa, pide equilibrio, pide la rebeldía solo cuando es necesaria, y la humildad para poder encontrarse con el otro, corazón a corazón, alma a alma, sin personajes de por medio.
Se necesita paz, no guerra. Se necesita amor, no conflictos.
Entonces esta energía puede ser justiciera, pero amorosa.
Un ser índigo puede tener un guerrero dentro, pero un guerrero espiritual, no un guerrero del ego.
Si usted se siente identificado con estás características, obsérvese en su día a día. Vea cuando actúa impulsivamente sin detenerse sentir la sabiduría de su alma.
Sea una persona auténtica. Defienda lo que siente pero sin desestabilizarse, sin perder su centro de equilibrio.
No entregue toda su energía, solo lo justo que requiera la situación.
Los niños Índigo o la energía Índigo de los niños
Un niño con esta energía, exigirá a sus educadores, maestros o padres, no ser visto como uno más del montón; exigirá formas dinámicas de aprender. Querrá todas las respuestas, y no solo esto, querrá escuchar la verdad siempre.
Estos niños son muy exigentes consigo mismos y con el entorno.
Cuentan con un exceso de energía que hace que a menudo no encuentren los mejores medios para exigir lo que merecen. Cuando se encuentran inconformes con lo que les ofrecen, fácilmente se desvían hacia la rebeldía o agresividad.
No aceptan órdenes impuestas, y cuando se encuentran ante personas autoritarias, se muestran desinteresados y cuestionadores. No aceptarán un “No porque no”.
Quien quiera llegar verdaderamente al alma de estos niños, deberá “ganarse” ese privilegio. No es simple conquistar su amor, ni calmarlo fácilmente. Deberán escucharlo, verlo, comprenderlo sinceramente, y ahí lo conocerán. Él se entregará al adulto, cuando el adulto se entregue a él.
Estos niños no querrán ser tomados como chiquillos que nada entienden y que nada saben, querrán una relación simétrica, donde todos se respeten desde el lugar en donde están.
Querrán jugar, y aprender jugando.